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Las declaraciones de Fernando de los Ríos en junio de 1931

  • Per Eduardo Montagut
  • Publicat a Història

Fernando de los Ríos, a la sazón ministro de Justicia del Gobierno provisional, pronunció un discurso en la Casa del Pueblo de Madrid, dentro de la denominada “decena juvenil de propaganda”, organizada por las Juventudes Socialistas el 1 junio de 1931, semanas antes de las elecciones a Cortes Constituyentes, donde compartió una serie de reflexiones sobre la democracia, el socialismo, y las organizaciones obreras.

Fernando de los Ríos consideraba que eran muy importantes este tipo de actos de carácter pedagógico porque el país se encontraba en una encrucijada, ya que, no hacía ni dos meses que se había proclamado la República, pero, sobre todo porque el Partido Socialista y el movimiento obrero debían aprender a funcionar en democracia, algo completamente novedoso en la Historia de las organizaciones socialistas porque la aprobación del sufragio universal en 1890 no supuso, como apuntamos nosotros, una democratización del sistema liberal de la Restauración, habida cuenta del fraude institucionalizado. Las masas, según el político socialista, habían conquistado la libertad política. Había sido más fácil su conquista que la tarea de sostenerla con dignidad, y esto era una responsabilidad de los socialistas. En primer lugar, había que intentar conciliar las ideas, la ilusión de las organizaciones obreras con la realidad, una tarea complicada, aunque el orador señaló que podía ser más fácil para los trabajadores, acostumbrados a vivir apegados a la realidad, que para los intelectuales, que consideraban que “la ilusión puede ir derritiéndose fácilmente en realidades”.

Una vez alcanzada la democracia, había que luchar por el establecimiento de una democracia socialista. La tarea, por tanto, era doble, la conservación de la democracia política, pero, también, la trabajar para imprimir una clara orientación socialista en la economía.

La democracia política significaba mucho. No podía ser menos en un personaje cómo Fernando de los Ríos siempre escrupuloso con las libertades y defensor del debate sereno de las ideas. Fernando de los Ríos alertaba del peligro autoritario que anidaba en una parte de la izquierda. Los partidarios en su seno de este autoritarismo consideraban que era el mejor medio para formar conciencias. No olvidemos la importancia del viaje que realizó a la Rusia soviética, reflejado en una obra ya considerada como un clásico, y donde haría una crítica profunda del totalitarismo. Pero De los Ríos consideraba que los socialistas españoles amaban la libertad. Los hombres debían convencerse de dentro a fuera, aunque parecía más fácil el camino de la amenaza desde fuera hacia dentro. El convencimiento era un método lento pero seguro. Fernando de los Ríos ponía el ejemplo del prestigio alcanzado por el Partido Socialista, con una autoridad mayor que el número de hombres que lo componían, “pero no mayor de la que por su actuación ha conquistado”. El Partido había conquistado poco a poco con su ejemplo y austeridad a los trabajadores, a los estudiantes e intelectuales, y a los miembros de las profesiones liberales.

Fernando de los Ríos temía que solamente hubiera una preocupación por el número, que la democracia se interpretase solamente en función del mismo, que el Partido en ese momento creciese de forma desorbitada. No cabe duda que era consciente que el PSOE iba a crecer o lo estaba ya haciendo de forma evidente ante su protagonismo en el inicio de la Segunda República. Los aluviones no eran convenientes porque terminaban arrollando a los hombres con autoridad, entendida ésta, según nuestra interpretación, no sólo como autoridad política, sino también moral. Esa democracia no era la que deseaba Fernando de los Ríos, sino, regresando a su argumento anterior, la que partía de dentro hacia fuera, y que permitía que dirigiesen el Partido las personas que merecían “garantía”. Y ese método era el que había aplicar a la democracia en España.

Para evitar los aluviones que desbordarían a las organizaciones socialistas, había que realizar una intensa labor pedagógica. Por eso pidió a los jóvenes que se movilizasen para explicar lo que era el socialismo, así como la “emoción socialista”, seguramente aludiendo a lo que era un ejercicio de razón y sentimiento, con el objetivo de crear conciencia. Ese momento histórico necesitaba de ese trabajo, de ejercer la democracia, de hacer política, considerada como el arte de hacer posible lo necesario, y que lo posible llegase a ser necesario.

Los socialistas tenían una misión fundamental en 1931, la de cimentar el nuevo régimen político. Fernando de los Ríos fue un declarado republicano, siempre luchó por la alianza del socialismo con los republicanos, y en este discurso está latente esa idea. Pero también era socialista, de ahí la necesidad del cambio económico, de la intervención de los trabajadores en la dirección de las empresas, en fin, de la defensa del interés general sobre el individual, como expresaría con gran elocuencia en el debate constitucional sobre el derecho de propiedad.

En ese sentido, el papel socialista en el Gobierno provisional, y en las futuras Cortes constituyentes era el de imprimir una orientación social a la nueva democracia. Y por eso hablaba de lo que ya se había conseguido gracias a la presión socialista: ahorro en el presupuesto de guerra y el avance del derecho social, para insistir en la necesidad de la reforma agraria que cambiara la situación social y económica de tantas personas en España, asunto capital para el político rondeño.

El discurso terminó apelando al trabajo de los jóvenes, y a la importancia histórica de las elecciones de junio. Era la hora de los socialistas, una hora de responsabilidad.

La fuente fundamental para este artículo se encuentra en el número del día 2 de junio de 1931 de El Socialista. Para acercarnos a la figura de Fernando de los Ríos, uno de los intelectuales más importantes del socialismo español, podemos acudir a la biografía de Virgilio Zapatero, Fernando de los Ríos. Biografía intelectual, Madrid-Granada, 1999. Octavio Ruiz-Manjón tiene un trabajo en Sistema del año 1999, titulado “El compromiso político de un institucionista (Fernando de los Ríos). El Boletín de la Institución Libre de Enseñanza en el año 2000 homenajeó a nuestro protagonista. Por fin, también es muy interesante la lectura del trabajo de Mario López Martínez y José Ángel Ruiz Jiménez, sobre el poder y la no-violencia en Fernando de los Ríos, incluido en el libro colectivo y coordinado por José Luis Casas Sánchez y Francisco Durán Alcalá, Historia y Biografía en la España del siglo XX: II Congreso sobre el Republicanismo, Córdoba, 2003.

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