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La "distancia mínima" con el lector: la clave del fenómeno Megan Maxwell

La escritora española Megan Maxwell posa en entrevista con Efe este jueves, en Miami, Florida (EE.UU.). Maxwell, que ha vendido más de dos millones de libros románticos y eróticos en España y Latinoamérica y cuenta con una legión de seguidores que se apodan "guerreros" y "guerreras" y se reconocen por un tatuaje, afirma que la distancia entre ella y sus lectores es "la mínima". EFE/ Jorge I Pérez La escritora española Megan Maxwell posa en entrevista con Efe este jueves, en Miami, Florida (EE.UU.). Maxwell, que ha vendido más de dos millones de libros románticos y eróticos en España y Latinoamérica y cuenta con una legión de seguidores que se apodan "guerreros" y "guerreras" y se reconocen por un tatuaje, afirma que la distancia entre ella y sus lectores es "la mínima". EFE/ Jorge I Pérez

La escritora española Megan Maxwell, que ha vendido más de dos millones de libros románticos y eróticos en España y Latinoamérica y cuenta con una legión de seguidores que se apodan "guerreros" y "guerreras" y se reconocen por un tatuaje, afirma que la distancia entre ella y sus lectores es "la mínima".

María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro, mejor conocida como Megan Maxwell, vive a sus 54 años un éxito que le costó lograr -lleva 24 años escribiendo y publicó su primer libro hace 10-, pero no parece que se le hayan subido los humos a la cabeza.

"Mis sueños siguen siendo de barrio obrero", afirma Maxwell en una entrevista con Efe en Miami, donde este viernes presentará la saga erótica "Yo soy Eric Zimmerman", una historia sobre el mundo de los "swingers" (los que intercambian parejas) contada desde el punto de vista masculino y desarrollada en dos volúmenes.

Es la primera vez que visita Estados Unidos para promocionarse y lo hace en el marco de su primera gira por el continente americano. Con humildad afirma que no sabe si irá mucha gente al evento, a pesar de que ya alguien le puso el apodo de la "Justin Bieber de las librerías".

A su llegada a Santiago de Chile, en esta misma gira, la Policía tuvo que intervenir para calmar a las "guerreras Maxwell" congregadas en el aeropuerto para recibirla y en Lima echaron del recinto de la feria a la escritora y sus seguidores, unos 800, porque eran las tantas de la noche y aún seguía firmando libros.

Terminó la tarea a la una de la madrugada en la calle, cuando le firmó su ejemplar al último de la fila, según cuenta durante una entrevista cargada de anécdotas. Nacida en Alemania e hija de una emigrante española y de un estadounidense destinado a una base militar en ese país, que no llegaron a casarse, Maxwell ha vivido toda su vida en Aluche, un barrio obrero de Madrid, aunque ahora acaba de comprarse una casa en Boadilla del Monte, un pueblo a las afueras.

Tiene dos hijos, se divorció de su marido en 2018 y no piensa por ahora en buscarse un novio, porque no tiene "tiempo ni ganas". Si presume de algo es de ser fuerte, de ser "guerrera", una mujer con carácter que "quiere comerse el mundo" y no que el mundo "la coma" a ella y que "si se cae se levanta" una y otra vez, una actitud que a través de sus libros ha transmitido a miles de mujeres y a un grupo creciente de hombres.

Sus seguidoras son mayoritariamente mujeres, aunque, según dice, hay "cada día más hombres" en este movimiento creado en las redes sociales en torno al fenómeno editorial Megan Maxwell, tanto que ha tenido que cambiar algunas cosas en los productos de la marca que ha creado para que los "guerreros" no se sientan discriminados.

Ellos y ellas, y también Megan Maxwell y su hija Sandra, de 22 años, que viaja con ella en esta gira, lucen en lugares visibles de sus cuerpos un tatuaje diseñado por el exmarido de la escritora. Para quien no guste de tatuajes, existen otras opciones como un colgante metálico con el mismo diseño: una eme mayúscula sobre un corazón atravesado por una espada y flanqueado por dos ramos de hojas.

Megan, que publica tres libros en papel y uno digital al año y escribe a diario de "nueve am a nueve pm", lleva personalmente sus redes sociales y no es extraño que llegue a conocer físicamente a sus lectores y que incluso a algunos les envíe regalos.

Antes de iniciar la gira, entregó a su editora una novela erótica que saldrá a la venta con el título "Tampoco te pido tanto", en la que al igual que en las anteriores solo se puso un límite: no escribir de violaciones ni de imposiciones a una persona en el terreno sexual.

Tampoco encontrarán sus lectores nada "ordinario, vulgar o chabacano", dice Maxwell, quien escribió su primera novela erótica en 2012 como "un reto". "Pídeme lo que quieras" va por su edición número 20, señala. La autora madrileña, a la que en esta gira se le han presentado matrimonios para darle las gracias por haberles resucitado "la chispa", dice que no todo lo que ha escrito lo ha practicado. Para informarse está "San Google", subraya.

Aunque dice que le da "exactamente igual", si le cambia la voz cuando se le pregunta por el hecho de que ni la crítica ni los otros escritores reconozcan su esfuerzo. Que hagan caso omiso de ella y no la traten igual que a otros escritores -dice- es "por escribir novela romántica", un género menospreciado pese a tener millones de lectores en todo el mundo.

A Maxwell no le gusta que alguien "decida qué es literatura", "porque esto se hace trabajando", dice señalando los dos tomos de "Yo soy Eric Zimmerman", que llevan en la portada de la edición estadounidense una advertencia: no apto para menores de 18 años.

Solo otro tema le hace cambiar el tono entusiasta y alegre que marca su discurso y es su padre, quien vive en Estados Unidos y del que no sabe "si esta vivo o muerto". Una de las novelas románticas de Maxwell, "Hola, ¿te acuerdas de mi?", está basada en la historia de sus padres, aunque con "un final de película" que nunca existió.

Es uno de los regalos que "Carmen" le ha hecho a su madre desde que es "superventas". El otro es un piso en un edificio con ascensor para que después de tanto años no tenga que subir las bolsas del supermercado por la escalera, dice con satisfacción.

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