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"La última lección": el cine alerta sobre los monstruos que crea la sociedad

Imagen cedida por MadAvenue de una escena del filme "La última lección". EFE 	   Imagen cedida por MadAvenue de una escena del filme "La última lección". EFE

El realizador francés Sebastién Marnier utiliza su cine para zarandear a una sociedad anestesiada y advertir de lo que no se está haciendo bien. Hace películas sobre "monstruos que luego crecen", como los protagonistas de "La última lección", un bofetón de realidad sobre "el mundo que dejaremos a nuestros hijos".

"En los telediarios, las noticias que me apasionan no son las del paso a la acción, sino las del momento previo: la cantidad de frustración, tristeza, soledad y exclusión que la sociedad acumula antes de que se llegue a la violencia", comenta Marnier en una entrevista con Efe, con motivo del estreno de la cinta este viernes en España.

Adaptación de la novela de Christophe Dufossè "La hora de la salida", a Marnier le atraía del texto "cómo la sociedad, y el colegio, crean esta élite que queda aislada del resto del mundo, incluso del propio instituto, y cómo se fabrica -porque esos niños están ahí desde los 7 u 8 años- un monstruo de seis cabezas".

Su intención, dice, es "hacer reflexionar a través de una película de suspense", aunque reconoce que su visión es "poco pesimista". "Espero que la película no sea epitafio, sino una reflexión. Utilizo a estos jóvenes como señales de alarma, por muy excesivos que sean, encarnan lo que pueden ser las nuevas generaciones.

Y hay que escucharles", asegura. La película comienza con un sol brillante que, por unos segundos, ciega al espectador; inmediatamente, se traslada a una clase donde chicos de último curso hacen un examen vigilados por su profesor.

Hace mucho calor y el profesor abre la ventana. Y salta. Pierre (Laurent Lafitte) es el profesor interino que se hace cargo de los traumatizados alumnos, que resultan ser los más inteligentes de la mejor promoción del colegio, uno de los más prestigiosos de Francia, y forman parte de un grupo experimental que no esconde su hostilidad por el sustituto.

Desde un principio clásico, Marnier va sumando tensión hasta que acaba sumiendo en el desasosiego al espectador, a veces, a través de imágenes reales sacadas de internet sobre tragedias como el 11-S, Fukushima o el tsunami de Indonesia, intercaladas con mataderos, aves atrapadas en petróleo o mares de residuos plásticos flotantes, a veces, con cientos de cucarachas.

"Los trozos elegidos son piezas vistas millones de veces; quería crear la sensación de angustia, pero esas imágenes son mucho más aterradoras de lo que yo podía poner en escena: no se puede rivalizar con la violencia del mundo real", explica el director.

Y es curioso cómo el sufrimiento es más insoportable si las imágenes son de animales, se sorprende el parisino (Liles, 1979). "Pero no podía hablar de la juventud de hoy sin poner esas imágenes: son las que absorben todos los días con una especie de fascinación morbosa.

Y ven eso permanentemente, igual que pornografía, sin vigilancia, sin nadie que filtre; es una tragedia de nuestra sociedad", advierte el realizador de "Irreprochable" (2016).

En "La última lección" Laurence Lafitte es protagonista absoluto, arropado por unos actores adolescentes casi desconocidos; sus ojos, dice Marnier, son el punto de vista del espectador, que "está totalmente en su cabeza, investiga con él y como él, ni tiene todas las claves ni todas las respuestas: es un envenenamiento paulatino de lo real, la fabricación de la puesta en escena de una paranoia".

La película, que se presentó en la sección oficial del Festival de Venecia y ganó en Sitges la mención especial del jurado, tiene de especial, además, que se ha realizado sin ayuda alguna del estado.

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