Puro teatro - Pere Navarro

En África se ha declarado oficialmente por parte de la ONU la hambruna en diversos países y se ha alertado de que se necesitan urgentemente 4.000 millones de dólares para hacerle frente. Y no llegan

Es evidente que vivimos un momento de crisis y de cambios profundos en nuestro país pero también en todo el mundo. Probablemente no es una situación nueva en la ya larga historia de la Humanidad pero, sin embargo, por primera vez las noticias se esparcen por todo el planeta casi al mismo tiempo en que ocurren. Se produce así un cierto efecto de acumulación de inputs negativos ya que todos sabemos que las buenas noticias no venden. No hay nada como una buena guerra o un gran desastre para llamar poderosamente la atención del público. De manera que las malas noticias se acumulan formando un poso en la mente de la ciudadanía de incredulidad y hastío.

En Siria la guerra se cronifica, los refugiados continúan sufriendo y muriendo en el mar, en Filipinas hay un tipo de presidente, Rodrigo Duterte, que se jacta de asesinar a presuntos delincuentes sin ningún tipo de juicio ni garantías. El señor Trump y el señor Putin merecerían una serie de artículos cada uno de ellos y no precisamente para describir sus bondades, sino para todo lo contrario. Que el futuro de la Humanidad esté en manos de personajes tan sórdidos y oscuros la verdad es que intranquiliza muchísimo.

En África se ha declarado oficialmente por parte de la ONU la hambruna en diversos países y se ha alertado de que se necesitan urgentemente 4.000 millones de dólares para hacerle frente. Y no llegan. A modo de ejemplo les diré que el beneficio neto de Apple en 2016 fue de… ¡42.000 millones de dólares!

En nuestro continente, con la irrupción de partidos de fuerte carácter xenófobo que han impulsado a partidos claramente democráticos a endurecer irresponsablemente su discurso con respecto a los inmigrantes, como hemos visto en las recientes elecciones holandesas, el panorama no es mucho más halagüeño que en el resto del mundo.
En nuestro país vemos, día sí y día también, como los juzgados son el escenario de un desfile imparable de políticos y empresarios de los que nadie se fía y que cuando se dictan sentencias siempre son sospechosas de ser demasiado benignas o demasiado duras en función de supuestos oscuros intereses.

Podríamos ilustrar el estado de ánimo de la ciudadanía con respecto a las instituciones con una estrofa de la famosa canción del compositor puertorriqueño Tite Curet Alonso Puro teatro, que se hizo famosa gracias a la interpretación de La Lupe: "Teatro/ lo tuyo es puro teatro/ falsedad bien ensayada/ estudiado simulacro/ Fue tu mejor actuación/ destrozar mi corazón/ y hoy que me lloras de veras/ recuerdo tu simulacro/ perdona que no te crea/ me parece que es teatro".

Ese sentimiento de incredulidad es el que se va instalando peligrosamente en el conjunto de la población y que alimenta la aparición de monstruos. La gente observa, atónita y con el corazón destrozado, como se va desarrollando una gigantesca y global obra de teatro por parte de aquellos que deberían ser más sinceros y estar más comprometidos con el bien común.

El día que algún dirigente político o económico de primer nivel haga algo tan revolucionario como decir siempre la verdad, reconocer errores y poner como primera prioridad en su vida el bienestar de la población, o el día en que una gran corporación anuncie que va a eliminar todos sus intereses en paraísos fiscales y a pagar TODOS los impuestos pueden empezar a cambiar las cosas de verdad.

Los intérpretes de Full Monty se anunciaban con la siguiente frase y su función tuvo un gran éxito: "No seremos jóvenes, guapos ni musculosos... Pero somos auténticos". Así que, amigas y amigos, seamos más auténticos.

Pere Navarro, 17 de març de 2017, El Siglo