Jose Antonio Marina - ¿Cómo devolver a la juventud su futuro?

Las expectativas laborales de los jóvenes están directamente relacionadas con su educación: se multiplican las iniciativas que expresan la preocupación por este tema

El gran historiador Niall Ferguson considera que “el mayor desafío que afrontan las democracias maduras es el de restaurar el contrato socialentre generaciones”. Durante su campaña presidencial, François Hollandeafirmó: “Si soy el próximo presidente, quiero ser evaluado por un único criterio: ¿viven los jóvenes mejor en 2017 que en 2012? Pido ser juzgado solo sobre ese compromiso, sobre esa verdad, sobre esa promesa”. Ganó las elecciones, su mandato está a punto de concluir, y no la ha cumplido. La situación de la juventud francesa no ha mejorado. La tasa de paro de los jóvenes es del 24%, sus posibilidades de tener una casa en propiedad son mínimas, las dificultades para alcanzar el nivel de vida de sus padres, enormes. La precariedad de la situación de la juventud está generalizada, pero España es un caso especialmente dramático. La tasa de paro juvenilha subido hasta el 46,49%.

Hace pocos años, un consejero de Alain Lambert, ministro de Hacienda francés, le aconsejó enviar una carta a todos los recién nacidos, diciendo: “Bienvenido al mundo. Tú debes ya 16.000 euros al Estado”. En España, serían 32.000 euros. Las noticias no son tranquilizadoras. Según United Nations’ International Labour Organization, seguirá empeorando. Los estudios más fiables afirman que alrededor del 60% de los puestos de trabajo actuales van a ser ocupados por robots. Por otra parte, se utilizan jóvenes cualificados como becarios, en el 61% de los casos sin retribución alguna, tal y como revela el informe 'The experience of traineeship in the EU', publicado por la Comisión Europea. La OIT advierte de que el principal peligro es que la crisis del empleo de los jóvenes no sea un simple acontecimiento pasajero, relacionado con un crecimiento económico lento, sino que se convierta en una tendencia estructural, cosa que sucederá si no se introducen cambios importantes en las políticas.

Las expectativas laborales de los jóvenes están directamente relacionadas con su educación. Se multiplican las iniciativas que expresan la preocupación por este tema. La semana pasada, participé en unas jornadas organizadas en Toledo sobre las políticas para la integración laboral de los jóvenes en la UE, y en otras organizadas por Bankia y la revista 'Magisterio' sobre la “formación profesional dual”. El Centro Reina Sofía para la Adolescencia y Juventud —de cuyo comité científico me honro formar parte— ha publicado un informe sobre el desarrollo juvenil español, según el cual nuestros jóvenes están detrás del resto de Europa en empleo y educación.Fernando Jáuregui, Lourdes Carmona y Esther Carrión acaban de publicar 'Universidad y empleo, manual de instrucciones', sobre la situación actual del sistema universitario. Pero ¿pasaremos de la preocupación a la acción?

Es evidente que tenemos que facilitar el paso del sistema educativo al mundo del trabajo, y que eso exige cambios en la escuela y cambios en las empresas. La Formación Profesional Dual es una solución que ha funcionado en otros países, como Alemania y Austria. Consiste en que la formación profesional se imparta en un centro educativo y en una empresa, con lo que la parte más teórica se complementa con una parte práctica, en una situación laboral real. Desde que se implantó en España, el año 2012, el número de jóvenes que la siguen se ha triplicado. En el presente curso, han sido algo más de 15.000 alumnos, que es muy poco. Para que funcione bien hace falta una gran organización, porque no se trata de mandar a los jóvenes como aprendices, sino a que sigan aprendiendo con un sistema de tutores. Las empresas tienen que colaborar con el sistema educativo, lo que supone un esfuerzo por su parte, que puede ser estimulado por incentivos fiscales, por el deseo de ir formando a buenos empleados futuros, o por sus proyectos de responsabilidad social corporativa. Hace falta también prestigiar socialmente la formación profesional, para lo que necesitamos hacer una tarea pedagógica con las familias.

Este caso es un ejemplo de la amplitud que debe tener un pacto educativo que es, en realidad, un pacto por la modernización de la sociedad. Normalmente se entiende como un mero 'pacto escolar', para tener una educación formal de calidad. Pero en este momento no es suficiente. Dada la influencia que la situación socioeconómica de las familias tiene sobre los resultados escolares, el pacto escolar debe ampliarse con un “pacto para protección de la infancia”. Y, por el extremo opuesto, por un pacto para facilitar el paso del sistema educativo al mundo del trabajo. 

Comenzaba diciendo que este debería ser un objetivo político prioritario, pero temo que los políticos no se den por enterados. Por eso, en vísperas de un nuevo Gobierno, me gustaría que me ayudaran a empujarles para que emprendan la reforma educativa que necesitamos. Para ello, les propongo como meta conseguir que durante tres meses la preocupación por la educación (y por el futuro de la juventud) figure entre los tres primeros puestos de las encuestas del CIS sobre las preocupaciones de los españoles. Si lo consiguiéramos, estoy seguro de que los políticos seríanmás diligentes en resolver este problema. 

Jose Antonio Marina, 11 d'octubre de 2016, El Confidencial